07 setembro 2008

um post exclusivo para os amantes do futuba,


com dois defeitos que, estou certa, me perdoarão: o tamanho e o facto de estar escrito em espanhol. É simplesmente f.e.n.o.m.e.n.a.l.
Cheguei , através d' O Biscoito Fino e a Massa.

(ainda na ressaca do Argentina-Brasil)
Sin vergüenza
Uno de los conversadores se indignó con el festejo de Riquelme tras el gol de penal
BUENOS AIRES
-Cualquiera que lo viera pensaría que Argentina acaba de perder ante la selección de Brasil.
-¿Selección de qué, de gordos?
-Estarán gordos, pero siguen siendo brasileños.
-No, Argentina jugó bien, mereció ganar, bla bla bla. Pero sigue habiendo algo que cada vez que lo veo me pone de mal humor.
-Ya sé, las infracciones flagrantes de los brasileños, pero bueno, eso les costó dos expulsiones.
-No, no es eso.
-¿Y qué es?
-Amigo mío, no es posible que jugadores profesionales festejen de ese modo un penal.
-¿De qué habla?
-El tercer tanto, el penal...
-Sí, el que pateó Riquelme...
-¿No vio?
-¿No vi qué?
-Cómo lo festejaron.
-Sí, ¿y qué tiene eso?
-Los goles de penal no se festejan.
-¿Sí? ¿Y dónde está escrito eso?
-En el manual de buenas costumbres, en el del sentido común.
-A ver, ¿cómo es eso?
-Un penal es un fusilamiento. Es cierto que hay penales que se atajan, e incluso los hay que se erran, pero hay que ser un verdadero animal para no meter un gol de penal.
-Yo he errado bastantes. El otro día, sin ir más lejos...
-Pero usted es un principiante. Estamos hablando de jugadores profesionales.
-¿Y entonces?
-Estoy en desacuerdo con los festejos, de cualquier tipo. Me parecen denigrantes para el contrario, vergonzosos. Soy de los que creen que los festejos deberían ser penados con la expulsión del o los festejantes, pero al mismo tiempo sé que vivo en este mundo y que el fútbol es un deporte de energúmenos, así que lo tolero. Puedo soportar que bailen y se amontonen como ratas felices uno encima de los otros cada vez que la pelota entra al arco, que hagan gestos obscenos y muestren la camiseta con la inscripción: "Para vos, mamá". Pero no puedo tolerar que festejen un penal, eso es demasiado.
-Están felices. ¿Qué deberían hacer, reprimir sus emociones?
-¡Claro! ¿O acaso nosotros no nos pasamos reprimiendo nuestras emociones?
-No me parece.
-Yo me reprimo todo el tiempo. Cada vez que por la calle paso al lado de un cura me reprimo las ganas de darle una patada. Cada vez que viajo en el ascensor con el milico del piso de abajo me reprimo las ganas de ahorcarlo. Todo el día me reprimo para no aparecer ante el mundo como un ser asocial.
-¿Y los jugadores de fútbol deberían reprimirse también?
-No sólo los jugadores de fútbol. Si no puedo soportar los partidos de vóley es porque se la pasan festejando, cada tanto que hacen, lo festejan. Son insoportables, parecen nenas pre adolescentes jugando al elástico.
-Pero volvamos a los penales...
-Ya le dije: hay que ser un desvergonzado para festejar un gol que acaba de hacerse después de patear un bombazo a un tipo solo, indefenso, tratando de adivinar a dónde va a ir a parar la pelota. Convendrá conmigo que los únicos penales que no terminan en gol son los penales mal pateados.
-Sí, convengo.
-¿Recuerda la final de la Copa Intercontinental en Tokio, cuando la Juventus de Platini le ganó a Argentinos Junios por penales, después de que habían empatado 2 a 2?
-Como si fuera ayer. Yo estaba en casa de mi madre...
-No, por favor, no me interesa eso. ¿Recuerda bien ese partido?
-Le digo que sí.
-Entonces recordará a Platini pateando el penal con que la Juventus empató 2 a 2.
-Sí, perfectamente.
-No estoy hablando de un penal que se obtiene ganando 2 a 0, como sucedió hoy con la Argentina. Estoy hablando de un penal que le daba a la Juventus el empate.
-Sí, entiendo.
-¿Recuerda el gesto de Platini después de meterla adentro?
-¿El gesto de Platini? No.
-Platini, que era todo un caballero, se limitó a levantar el brazo, cerrar el puño y dar un golpe en el vacío. Y eso fue todo. Como Menotti y como yo, Platini era de la idea de que los goles de penal se callan, los festejos se reprimen, porque es indigno y vergonzoso andar gritando por ahí después de haber fusilado a un pobre arquero indefenso. Y además es un signo de debilidad, porque el que festeja está demostrando que conseguir el gol le costó mucho. Psicológicamente, el silencio aniquila al oponente mucho más que el festejo, porque le demuestra que conseguir ese gol no lo ha inmutado, y que es probable que semejante sangre fría acabe convertida en varios goles más.
-¿Y entonces que le recomienda a los pateadores de penales?
-Que...
-Sí, ya sé, no me lo diga: que se vayan a festejar al vestuario.
-Usted lo ha dicho.

2 comentários:

mar disse...

eu, é mais gelados :)*****

Lola disse...

Cristina,

E eu que não entendo nada de futebol, achei graça ao diálogo:)))

E nunca me apercebi que os penaltis não se devem festejar.

Mas venho deixar beijos e abraços, aos montes.